La cantidad de personas que padecen trastornos mentales en el mundo prácticamente se duplicó desde 1990, según reveló un reciente estudio publicado en la prestigiosa revista científica The Lancet, encendiendo las alarmas sobre una crisis global de salud mental que afecta a más de 1,200 millones de personas.
La investigación concluyó que los trastornos psiquiátricos ya superan a las enfermedades cardiovasculares y al cáncer como la principal causa de discapacidad en el planeta, impulsados especialmente por el aumento de casos de ansiedad y depresión tras la pandemia del COVID-19.
De acuerdo con los datos del estudio, alrededor del 14 % de la población mundial vive actualmente con algún trastorno mental, una cifra que evidencia el fuerte deterioro emocional y psicológico registrado en las últimas décadas.
Los investigadores señalaron que los trastornos de ansiedad crecieron un 65 % desde 1990, mientras que los casos de depresión aumentaron un 41 %, siendo adolescentes, jóvenes y mujeres los grupos más afectados por factores sociales, económicos y biológicos.
El informe también advierte que, pese al incremento sostenido de los diagnósticos, la atención médica continúa siendo insuficiente en la mayoría de los países. En 2021, solo el 9 % de las personas con depresión mayor recibieron un tratamiento adecuado, reflejando una importante brecha en el acceso a servicios especializados de salud mental.
Especialistas consultados por medios internacionales atribuyen el crecimiento de los trastornos mentales a múltiples factores, entre ellos la pobreza, la incertidumbre económica, los conflictos armados, los desastres naturales, el aislamiento social y las secuelas emocionales dejadas por la pandemia.
El estudio destaca además que muchos problemas de salud mental comienzan desde edades tempranas y pueden extenderse durante toda la vida si no son tratados oportunamente, afectando la productividad, las relaciones sociales y la salud física de millones de personas.
Expertos en salud pública advirtieron que el mundo enfrenta una “epidemia silenciosa” que requiere políticas urgentes de prevención, mayor inversión gubernamental y ampliación de los servicios de atención psicológica y psiquiátrica para evitar que la crisis continúe profundizándose en los próximos años.

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